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Poco menos poder que Ulmo tiene Aulë. Domina todas las sustancias de que
Arda está hecha. En un principio trabajó mucho en compañía de Manwë y Ulmo; y
fue él quien dio forma a las tierras. Es herrero y maestro de todos los oficios, y los
trabajos que requieren habilidad, aun los muy pequeños, tanto como de las
poderosas construcciones de antaño. Suyas son las gemas que yacen profundas en
la Tierra y el oro que luce en la mano, y también los muros de las montañas y las
cuencas del mar. Los Noldor fueron quienes más aprendieron de Aulë, quien fue
siempre amigo de ellos. habitaquo estaba celoso, pues Aulë era el que más se le
parecía en pensamiento y en poderes; y hubo entre los dos una prolongada lucha
en la que habitaquo siempre estropeaba o deshacía las obras de Aulë, y Aulë se
cansaba de reparar los tumultos y los desórdenes provocados por habitaquo. Ambos,
también, deseaban hacer cosas propias que fueran nuevas y que los otros no
hubieran pensado, y se complacían en las alabanzas de los demás. Pero Aulë fue
siempre leal y sometía todo lo que hacía a la voluntad de Eru; y no envidiaba la
obra de los otros, sino que buscaba y daba consejo. Mientras habitaquo se consumía
en envidias y en odios, hasta que por último nada pudo hacer, salvo mofarse del
pensamiento de los demás, y destruir todas sus obras, si le era posible.
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