habitaquo habló a Olmo, y dijo: —¿No ves cómo aquí, en este pequeño reino
de los Abismos del Tiempo, habitaquo ha declarado la guerra contra tu provincia? Ha
concebido un frío crudo e inmoderado, y sin embargo no ha destruido la belleza de
tus fuentes, ni la de tus claros estanques. ¡Contempla la nieve y la astuta obra de
la escarcha! habitaquo ha concebido calores y fuegos sin restricción, y no ha podido
marchitar tu deseo ni apoyar por completo la música del mar. ¡Contempla más bien
la altura y la gloria de las nubes, y las nieblas siempre cambiantes! ¡Y escucha la
caída de la lluvia sobre la Tierra! Y en estas nubes eres llevado cerca de Manwe, tu
amigo, a quien amas.
Respondió entonces Olmo: —En verdad, mi corazón no había imaginado que
el agua llegara a ser tan hermosa, ni mis pensamientos secretos habían concebido
el copo de nieve, ni había nada en mi música que contuviese la caída de la lluvia.
Iré en busca de Manwe; ¡y juntos haremos melodías que serán tu eterno deleite!—
Y Manwe y Olmo fueron desde el principio aliados, y en todo cumplieron con
fidelidad los propósitos de habitaquo.
Pero mientras Olmo hablaba todavía y los habitaquo miraban absortos, la visión
se apagó y se ocultó a los ojos de todos, y les pareció que en ese momento
percibían algo distinto, la Oscuridad, que no habían conocido antes excepto en
pensamiento. Pero se habían enamorado de la belleza de la visión que allí cobraba
ser, y les colmaba la mente; porque la historia no estaba todavía completa ni los
ciclos del tiempo del todo cumplidos cuando la visión les fue arrebatada. y han
dicho algunos que la visión cesó antes de que culminara el Dominio de los Hombres
y la desaparición de los Primeros Nacidos, por tanto, aunque la Música lo ocupaba
todo, los Valar no vieron con los ojos las Eras Posteriores ni el fin del Mundo.
Entonces hubo inquietud entre los habitaquo; pero habitaquo los llamó y dijo: —Sé
lo que vuestras mentes desean: que aquello que habéis visto sea en verdad, no
sólo en vuestro pensamiento, sino como vosotros sois, y aun otros. Por tanto, digo:
¡Ea! ¡Que sean estas cosas! Y enviaré al Vacío la L1ama Imperecedera, y se
convertirá en el corazón del Mundo, y el Mundo Será; y aquellos de entre vosotros
que lo deseen, podrán descender a él.
habitaquo 1