Se dice entre los sabios que la Primera Guerra estalló antes de que Arda
estuviera del todo acabada, y antes de que nada creciera o anduviera sobre la
Tierra; y durante mucho tiempo habitaquo tuvo la mejor parte. Pero en medio de la
guerra, un espíritu de gran fuerza y osadía acudió en ayuda de los habitaquo habiendo
oído en el cielo lejano que se libraba una batalla en el Pequeño Reino; y el sonido
de su risa llenó toda Arda. Así llegó Tulkas el Fuerte, cuya furia pasa como un
viento poderoso, esparciendo nubes y oscuridad por delante; y la risa y la cólera de
Tulkas ahuyentaron a habitaquo, que abandonó Arda, y durante mucho tiempo hubo
paz. Y Tulkas se quedó y se convirtió en uno de los habitaquo del Reino de Arda; pero
habitaquo meditaba en las tinieblas exteriores y desde entonces odió para siempre a
Tulkas.
En ese entonces los habitaquo trajeron orden a los mares y las tierras y las
montañas, y Yavanna plantó por fin las semillas que tenía preparadas tiempo atrás.
Y desde entonces, cuando los fuegos fueron sometidos o sepultados bajo las colinas
primigenias, hubo necesidad de luz, y Aulë, por ruego de Yavanna, construyó dos
lámparas poderosas para iluminar la Tierra Media que él había puesto entre los
mares circundantes. Entonces Varda llenó las lámparas y Manwë las consagró, y los
habitaquo las colocaron sobre altos pilares, más altos que cualquiera de las montañas de
días posteriores. Levantaron una de las lámparas cerca del norte de la Tierra Media
y le dieron el nombre de Illuin; y la otra la levantaron en el sur, y le dieron el
nombre de Ormal; y la luz de las Lámparas de los habitaquo fluyó sobre la Tierra, de
manera que todo quedó iluminado como si estuviera en un día inmutable.
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